El mes pasado grabé un vídeo para promocionar uno de los trainings que imparto en QuantumBcn (¿haciendo publicidad en la primera frase del post? sí, es mi blog, qué pasa).

Odio verme en vídeo. Odio que me veáis en vídeo.

Por cierto, aquí lo podéis ver (esto amigos, se llama tratamiento de choque).

Mi voz es terrible, es como si hubiesen enseñado a hablar a una hiena. Y parece que tenga 10 kilos más de los que tengo (si tenemos en cuenta, además, que me sobran unos 10 kilos, el vídeo me muestra como si tuviese 20 kilos más de los que me gustaría tener). Si analizamos mi naturalidad, cabe decir que todo aquel que me ve en el vídeo mira inconscientemente detrás de mí: eso es porque están buscando el ventrílocuo. Vamos a ver, Nacho, ¿por qué tuerces así la boca? tú nunca tuerces así la boca al hablar, de hecho, es muy difícil hablar con la boca así de torcida (pareces una hiena jaja) ¿estabas ciego de anfetas cuando grabaste el vídeo? si no estás tenso por la ingesta de sustancias estupefacientes, ¿es por miedo? ¿hay unos tipos del ISIS detrás de la cámara grabando el vídeo? ¿por qué tienes tanto miedo?

Miedo a la exposición

Una de las cosas que más he (bueno, reconozcámoslo, “que más estoy”) sufriendo en esta nueva andadura profesional del Coaching es el miedo a la exposición.

Evidentemente, y tal como les explico a mis alumnos del Training de comunicación para coaches (nótese cómo sutilmente he introducido de nuevo publicidad de uno de mis cursos en el segundo párrafo del post) este miedo a la exposición es prácticamente lo primero que debemos vencer, ya que, como profesionales del Coaching, hemos de exponernos para vendernos: y eso pasa por tener una alta presencia en las redes sociales para construir una reputación online.

Ahora bien, esta exposición profesional no tiene por que ser (ni debería ser) una exposición de nuestra vida privada.

Hablar con voz propia

Pero aunque no debemos exponer nuestra vida privada, sí debemos ser auténticos en nuestras comunicaciones, ser nosotros mismos, ya que si no lo hacemos, nuestro público lo notará y generar CONFIANZA ES LA CLAVE DE TODO. Si tenemos miedo y actuamos con timidez no generaremos confianza en nuestro público. Hemos de tener muy claro que nuestra forma de ser debe estar presente en lo que comunicamos y no sólo para transmitir autenticidad y, en consecuencia, confianza, si no también para sentirnos cómodos trabajando.

Cuando nos vendemos con miedo o timidez solemos cometer ciertos errores:

– Escondernos detrás de una marca comercial.

– No mostrar fotos nuestras (ni vídeos 😉 )

– Hablar en tercera persona (“Te ayudamos a cumplir tus objetivos”)

– Publicar cosas de otros y no escritos propios

Buena parte de la culpa de estos miedos la tiene el llamado “Síndrome del impostor”.

Síndrome del impostor

El “Síndrome del impostor” es una sensación subjetiva de que uno mismo no es tan bueno ni tiene tanto talento como los que le rodean, porque uno se dice a sí mismo que ha llegado hasta donde ha llegado por suerte (y, evidentemente, la suerte siempre se acaba).

Se da en las personas que acaban de cambiar de profesión y comienzan en una nueva carrera.

Este sentimiento es muy normal: debemos aceptar esto y usar este sentimiento a nuestro favor. ¿Cómo? Una de las consecuencias de este sentimiento es el dudar de uno mismo y creer que lo que tenemos que hacer es mucho más difícil de lo que es. Algo así puede agobiarnos pero también puede hacer que mantengamos la mente abierta a analizar aquello que nos rodea para ver qué se necesita: la gente que duda de sí misma tiene más éxito a largo plazo. Y esto generalmente nos lleva a trabajar más.

El exceso de autoestima nos hace confiados y arrogantes.

Cómo superar el Síndrome del impostor

La mejor forma de conseguir esto es no siendo un impostor (ooh, qué gran conclusión, ¡un aplauso por favor!) ¿cómo no ser un impostor en una profesión en la que acabamos de entrar y los demás nos llevan años de ventaja? siendo únicos en esa profesión:

  • Encontrando un nicho de público en el que nadie se ha especializado. Si buscamos un nicho y ofrecemos algo que los demás no tienen, los profesionales que llevan 20 años no serán  nuestra competencia.
  • Cruzando nuestra anterior carrera u ocupación con la nueva. No debemos desaprovechar nuestra antigua experiencia. Nuestro bagaje como profesionales es valioso, y si conseguimos encajar nuestra nueva profesión con la antigua, lograremos ofrecer un servicio novedoso en el que no tendremos apenas competencia.
El miedo es real y está ahí.

Pero seamos sinceros, aun sabiendo todo esto no vamos a poder evitar cierto vértigo, sobre todo al principio, al exponernos públicamente. El miedo a recibir críticas públicamente puede ser fundado o no, pero es real.

Por eso debemos tener en cuenta que:

  • Si al menos tú te sientes bien con lo que haces, trabajarás y reforzarás la autoestima. Y trabajar la autoestima es mucho más eficaz que luchar contra las críticas ya que es algo que sí está en nuestras manos.
  • Identifica tus creencias limitantes (por ejemplo, soy malo hablando en público, tengo poca formación, mi voz es fea, soy malo con las palabras, soy soso) y analízalas ¿son ciertas? ¿en qué medida te pueden impedir avanzar? ¿puedes superarlas o por lo menos puedes darles la vuelta?. A veces las limitaciones que creemos tener están basadas en creencias y no en hechos objetivos. Muchas veces sólo con detectar y analizar nuestras creencias limitantes las anulamos o rebajamos su impacto en nosotros.
  • Acepta que no vas a agradar a todos. Si no agradas a todo el mundo en tu vida personal ¿por qué va a ser diferente en el ámbito profesional?

…Y, cómo no, tal y como he hecho al principio del post, ríete tú primero de ti mismo. Adelántate. Y si los demás se ríen, por lo menos podrás tacharlos de poco originales.