Hablar en público

El otro día leí no recuerdo dónde (que me disculpe el/la autor(a)) esta frase tan genial: “Tengo muy mala memoria, me acuerdo de todo”. Bueno, exactamente no es mi caso, ya que no tengo una memoria de elefante, pero sí que hay un buen puñado de cosas que me encantaría haber olvidado.

Una de esas cosas es la primera vez que hice traté de hacer una clase como formador. Fue hace unos siete años. Por aquel entonces me dedicaba a las redes sociales y decidí, junto con un par de colegas, sacarme un dinero extra haciendo un training de Marketing Online para PYMES de 3 horas (teníamos una hora de exposición cada uno de nosotros).

Mala preparación

Nos dividimos el trabajo en nuestras especialidades y a mi me tocó hacer la parte de Redes Sociales. ¡Bien! una de las claves para hacer una buena exposición en público es ser experto en la materia en cuestión, cosa que, aunque parece obvia, muchos valientes oradores no tienen en cuenta. Yo sí la tuve.

Lo malo es que eso fue lo único que hice bien.

Me pasé las semanas previas a la formación preparando un Power Point de nosecuantos cientos de diapositivas. Un verdadero tostón de documento. Largo y pesado, lleno de teoría y sin ningún ejemplo práctico. Parecía que quería vengarme en mis oyentes de mi profe de 3º de BUP por haberme hecho leer Cantar del Mío Cid. Guardo el Power Point de recuerdo (y te quejas luego de no poder olvidar ciertas cosas, eres un genio) y os juro que es más potente que un Diazepan con vodka.

Pero lo peor no fue el documento.

Preparar ese documento con tantísima teoría me ocupó hasta la misma tarde anterior a la formación y no preparé mi exposición, ni la leí en voz alta, ni me cronometré. No hice absolutamente nada más que dejar bien diseñadito el documento. Yo pensaba que si cada día estaba trabajando con redes sociales y tenía un documento tan completo (tan completo como una Larouse Universal, todo sea dicho), la presentación sería un paseíllo triunfal.

Por aquel entonces pensaba que si conocía bien una materia, por lógica sabría hablar de la misma.

En este punto del post, supongo que estaréis esperando ansiosos poder leer la crónica de la más desastrosa exposición en público de la historia. Pero, sintiéndolo mucho (o, no) no vais a leerla hoy.

Puede que si hubiese hecho una exposición desastrosa hubiese sido mejor que lo que pasó. O puede que no.

Mis compañeros

Yo era el tercero en exponer. Comenzaron mis otros dos colegas.

Cuando vi como exponían mis compañeros supe que todo (me) iría mal.

Primero, sus diapositivas. Casi no había diapositivas, y éstas no tenían textos, solo dibujitos o fotos. Y ellos apenas las miraban, solo hablaban y hablaban (sonrientes, por cierto) y miraban al público.

Segundo, lo que explicaban no era todo teoría, de hecho, se pasaban la mitad del tiempo haciendo bromas, chistes y hacían preguntas. Bromas… yo no tenía bromas ni anécdotas, yo tenía un power point que era como el listín telefónico de Nueva Delhi.

Tercero, su actitud. ¿Estaban realmente exponiendo una teoría sobre el SEO? porque la impresión que daban era que estaban charlando sobre cosas interesantísimas en un ambiente distendido. A ver, no se me entienda mal, el SEO es un tema interesantísimo, pero es que yo se supone que iba a hablar de cosas más molonas, como el Facebook, los Youtubers, los memes virales… y parecía María Antonieta minutos antes de perder 8 kilos (y no haciendo spinning precisamente).

Ataque de pánico

Mi organismo me gritaba que estaba en peligro.

Y el ser humano sabe, desde que cazábamos bisontes con lanzas y taparrabos, que cuando hay peligro hay que huir. Evidentemente un bisonte es un peligro real (más bien “era” ahora el peligro somos nosotros para ellos, pero esto es otra historia) pero mi percepción de las cosas en el momento en que ya estaba exponiendo el segundo compañero era de que se avecinaba una auténtica hecatombe.

Me entraron todos y cada uno de los miedos previos a un ataque de pánico: miedo a quedarme en blanco (si no leía mi documento y miedo a no dejar de mirar el documento), miedo a que notasen mi miedo (algo fácil en aquel caso porque aún me quedaba una hora para exponer y mi camisa ya estaba empapada en sudor), miedo a ser juzgado o comparado… y con los miedos llegaron los síntomas: taquicardia, tensión en los músculos, sudor, temblores, palidez, ahogo…

Tenía que salir de allí.

Y salí de ahí

Os dije más arriba que no íbais a leer la crónica de una presentación desastrosa porque no hubo tal presentación. Tuve que salir fuera y uno de mis compañeros presentó por mi.

Creo que esta fue la primera y última vez que dejé a un compañero en la estacada pero creedme, no era capaz de articular palabra.

Álex, el colega que presentó por mí, creedme, no era experto en Redes Sociales (era el del interesantísimo SEO)… y no fue un desastre. Salió, con una sonrisa de oreja a oreja, dijo que yo estaba indispuesto y que haría lo posible por presentar mi parte.

Además de lo que aprendí por mi mismo, mi compañero Álex me dio aquel día unas cuantas lecciones:

En primer lugar hay una cosa que tenemos que tener clara cuando vamos a hablar delante de un público: a no ser que estas personas estén obligadas a escucharnos, normalmente la gente que viene a oír lo que tenemos que explicar es gente a la que le interesa lo que queremos decir y saben menos que nosotros del tema en cuestión. No es cuestión de tomarle el pelo a nadie, por supuesto (aunque hubo momentos en los que escuchaba a Álex y pensaba “¡pero qué coj#n€$  está diciendo!”),

En segundo lugar, hemos que tener muy claro que el público no es el enemigo. No están escuchándonos para ver cuándo nos equivocamos. De hecho la mayoría de la gente es empática con las otras personas, sufre cuando el que está expuesto lo pasa mal y tiende a ser benévola y comprensiva con los errores de los demás.

Y en tercer lugar, no importa de qué vas a hablar, si te presentas con honestidad, sin prepotencia y muestras tu lado humano, tendrás la mitad de una presentación ganada (la otra mitad ya la tuvo Álex con mi power point).

Antes de hablar

Sin haber abierto la boca, aquel día aprendí unas cuantas cosas, que interioricé, pero que, ni de lejos, fueron suficientes para dominar el arte de hablar en público. Por eso voy a escribir varios posts sobre el tema.

Pero para terminar el artículo de hoy, voy a recapitular lo que aprendí en aquella primera formación:

  • Preparar la presentación, saberse de memoria lo que vas a decir, ensayarlo una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez en voz alta, te va a dar prácticamente la seguridad en ti mismo que necesitas.
  • Una gran parte de lo que digas NO ha de ser teoría: las anécdotas y preguntas son tan importantes como la materia en sí.
  • Tu público no es el enemigo
  • Tu público (generalmente) quiere escucharte
  • Tu público (generalmente) sabe menos que tú.
  • Y por último, rodéate de buenos compañeros. Nunca se sabe cuando vas a necesitar un cable.

En el próximo post os explicaré una formación que SÍ impartí pero que NO fue precisamente para echar cohetes (o quizá hubiese estado bien lanzar algún cohete para que no se me durmiesen tod@s)

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